26 feb. 2011

En Argentina, hay 476 especies animales en riesgo de extinción

Entre los más amenazados están la chinchilla, el guacamayo, el chorlo polar, el armadillo y un tipo de atún. Los cambios en los ecosistemas, la agricultura, la caza y la pesca son sus principales enemigos.


Muchas criaturas que habitan el suelo argentino tienen poco para festejar hoy, cuando se conmemora el Día del Animal. Algún tipo de amenaza, o varias al mismo tiempo, acorralan a 476 especies, según datos de la Unión Mundial por la Naturaleza (IUCN).

Integrada por miembros 70 agencias oficiales y 750 ONG de 140 países, la IUCN tiene una lista roja (www.redlist.org) en la que figuran los animales en categorías que van de "bajo riesgo" a "extintas en estado silvestre".

Entre los que ya no saben cómo es la vida en su hábitat natural se encuentran unos caracoles que se reproducían en los rápidos de Apipé, geografía sepultada por el agua al construirse Yacyretá (ver El increíble...).

Bajo la categoría "Peligro crítico", aquellos que corren "un riesgo extremadamente alto de extinción en el futuro inmediato", están la chinchilla de cola corta, el pajarito llamado chorlo polar, el bellísimo guacamayo violáceo, y una especie de atún.

En "peligro", no tan críticamente amenazado pero aún bajo un alto riesgo de extinción en un futuro cercano, no inmediato, están el armadillo, la ballena azul, la nutria de mar, el tatú carreta, el cardenal amarillo, el lince, el huemul y un animal menos carismático que las anteriores pero no por eso con menos derechos: la ranita de Somuncurá. Una especie endémica, esto es, única en el mundo. Si desaparece de esa extraña meseta patagónica, desaparece de la faz de la Tierra.

Vulnerables, con alto riesgo de extinción a mediano plazo, el águila de Azara o el ratón de Chaco. De "Bajo riesgo", la ballena franca y el delfín manchado.

Difícil hablar en un artículo de las causas que amenazan a cada una de estas especies. Pero, para empezar, se puede tomar una frase de Claudio Bertonatti, museólogo y naturalista, de la Fundación Vida Silvestre: "Desgraciadamente, ya no hay que hablar de especies amenazadas, sino de ecosistemas y hasta de regiones amenazadas. El riesgo no es sólo para los protagonistas de un lugar, sino para los lugares enteros".

Ejemplifica con el huemul: "Una especie que desaparece por una serie de causas adversas: la caza furtiva, la introducción del ciervo colorado que compite por su territorio, los incendios forestales, el turismo sin control". Abandonar un perro en la zona de San Clemente —acción que en cierta gente no causa más que una culpa pasajera— es una de las causas de mortandad del venado de las pampas. Esos perros se unen en jaurías y atacan a los pocos que quedan en los cangrejales de Samborombón.

Pero más allá de las causas específicas, hay una global con la que coinciden los especialistas: la expansión de la frontera agrícola. "Es un avance desmedido. Hace que se fraccionen las poblaciones de animales, o disminuyan. Es necesario rever la política agropecuaria, considerando el costo en la pérdida de biodiversidad", señala Marcelo Silva Croome, a cargo del área de Fiscalización de la Dirección de Fauna Silvestre de la Nación. "La fauna nativa hoy es víctima de la fiebre de la soja. Esto hace peligrar a muchas especies", dicen en Greenpeace.

Bertonatti, de Vida Silvestre, coincide con el diagnóstico. Todos piden un ordenamiento de esta actividad. Definir qué área destinar para uso agrícola, cuál otra para explotación forestal sustentable o cuál como protegida.

"En este Día del Animal, uno se acuerda de su perro o gato, pero se olvida del silvestre o el de consumo. Todos tienen que ser tratados como corresponde", apunta Rubén Hallu, decano de la Facultad de Veterinaria de la UBA. En la mira ubica al centro del problema. Una cuestión de cultura.

Silva Croome, de la Dirección de Fauna, cuenta que cuando algunos de los cinco inspectores va a una feria donde se venden animales silvestres la gente se pone del lado de... los ilegales. Es irrefutable que si no existiera la demanda de, por ejemplo, el lorito hablador del Chaco o de los tucanes, éstos tendrían un problema menos.

Animalitos como el aguará guazú no forman parte de nuestra cotidianidad. En el fondo, la principal amenaza para la fauna es el desconocimiento, dice Bertonatti. "Ni sabemos cómo se llama". Los libros que leen nuestros niños pequeños están llenos de osos pardos.

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